Acceso abierto: el concepto que nació en Budapest, Bethesda y Berlín
Entre 2002 y 2003, tres declaraciones definieron qué significa que un texto académico esté «en acceso abierto»: no solo leerlo gratis, también poder reutilizarlo. Te contamos qué aportó cada una.
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Toth Redacción
10/21/20265 min read


Esta semana se celebra la Semana Internacional del Acceso Abierto, y por eso nuestro concepto de la semana es justamente ese: acceso abierto. La expresión parece sencilla, pero tiene una historia precisa. Se fijó en tres textos de 2002 y 2003 que en América Latina se conocen como «las tres B». Así los llama, por ejemplo, la Declaración de México de 2017, que habla de «los principios asentados en las “tres B”: Declaraciones de Budapest (2002), Berlín (2003) y Bethesda (2003)» (Declaración de México, PDF en Redalyc).


Lo decisivo es su definición. Por acceso abierto, dice la BOAI, se entiende la «disponibilidad gratuita en Internet público, permitiendo a cualquier usuario leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o usarlos con cualquier propósito legal, sin ninguna barrera financiera, legal o técnica, fuera de las que son inseparables de las que implica acceder a Internet mismo». El único límite que admite es que los autores conserven el control sobre la integridad de su trabajo y el derecho a ser reconocidos y citados.
La BOAI propuso dos estrategias complementarias. La primera es el autoarchivo: que los propios académicos depositen sus artículos en archivos electrónicos abiertos. La segunda es una nueva generación de revistas de acceso abierto, que no cobren suscripción ni acceso y busquen otras formas de cubrir sus gastos. Con el tiempo, esas dos rutas se popularizaron con las etiquetas de «vía verde» (repositorios) y «vía dorada» (revistas abiertas). Son nombres de uso común posteriores; la declaración de Budapest no los usa.
La BOAI tampoco promete que publicar sea gratis. Reconoce que producir la literatura revisada por pares «no sucede sin costos», según su traducción al español, y que el acceso abierto exigirá nuevos modelos de financiamiento. Un detalle para nuestro público: entre los firmantes aparece Peter Suber, que firmó como profesor de filosofía del Earlham College.

Budapest, 14 de febrero de 2002: el nombre y la definición
La Iniciativa de Budapest para el Acceso Abierto (BOAI, por sus siglas en inglés) parte de una observación: hay una vieja tradición, la de los investigadores que publican en revistas sin cobrar por ello, e internet permite ahora distribuir esa literatura a todo el mundo. Su traducción al español lo resume así: «Una vieja tradición y una nueva tecnología convergen para hacer posible un bien público sin precedente».

Bethesda, 2003: dos condiciones
La Declaración de Bethesda sobre Publicación de Acceso Abierto se redactó en una reunión de un día, el 11 de abril de 2003, en la sede del Howard Hughes Medical Institute, en Chevy Chase (Maryland), y se publicó el 20 de junio de 2003. Estaba dirigida sobre todo a la comunidad biomédica. Una advertencia sobre la fuente: Bethesda no tiene un sitio oficial propio. La versión de referencia es la copia en HTML que preparó el propio Suber, participante de la reunión, y que sigue publicada en su antiguo sitio de Earlham.
Bethesda define una publicación de acceso abierto con dos condiciones. La primera: los autores y titulares de derechos conceden a todos los usuarios un derecho de acceso gratuito, irrevocable, mundial y perpetuo, junto con una licencia para copiar, usar, distribuir, transmitir y exhibir la obra, e incluso para hacer obras derivadas, siempre que se reconozca la autoría. La segunda: una versión completa de la obra se deposita, en cuanto se publica, en al menos un repositorio en línea mantenido por una organización que busque el acceso abierto y la conservación a largo plazo. Una de sus notas aclara que el acceso abierto es una propiedad de cada obra, no necesariamente de una revista o de una editorial.

Berlín, 22 de octubre de 2003: las humanidades entran en la definición
La tercera B es la Declaración de Berlín sobre el Acceso Abierto al Conocimiento en las Ciencias y las Humanidades, impulsada por la Sociedad Max Planck. Desde el título incluye a las humanidades. Además, amplía lo que puede ser una «contribución» de acceso abierto: no solo resultados de investigación, también datos y metadatos, materiales fuente, representaciones digitales de materiales gráficos y pictóricos. Suma además el patrimonio cultural a sus metas. Plantea dos condiciones casi idénticas a las de Bethesda y se declara en el espíritu de Budapest, de la Carta de ECHO y de Bethesda. Su versión en español lo plantea como una misión: «Nuestra misión de diseminar el conocimiento será incompleta si la información no es puesta a disposición de la sociedad de manera expedita y amplia».

Qué nos queda del concepto
Leídas juntas, las tres declaraciones dejan una idea con dos caras. Acceso abierto significa leer sin pagar, pero también poder usar: copiar, compartir, buscar y construir sobre lo publicado, con reconocimiento de autoría. Por eso un PDF gratuito no siempre es acceso abierto en sentido pleno: depende de los permisos que lo acompañen. Para la filosofía, que trabaja comentando, citando y discutiendo textos ajenos, esa segunda cara no es un detalle técnico. Es la condición de la conversación misma.


Fuentes
Budapest Open Access Initiative (14 de febrero de 2002), texto en inglés
Imágenes: Filosofía Abierta.
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