Recopilación y comentario de las mejores enseñanzas de Epicteto y Marco Aurelio como una introducción a la filosofía ética del estoicismo

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Hugo Mauricio Reynoso Bolaños

2/1/202633 min read

Hugo Mauricio Reynoso Bolaños

Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua

Introducción

Este es un compendio de cuidadosa selección, sobre, a mi juicio, las mejores enseñanzas éticas de dos filósofos estoicos, extraídas del manual (Enquiridión) de Epicteto y del diario (Meditaciones) de Marco Aurelio. La ética estoica tiene como objeto el ser enteramente práctica. Un manual pretende ser práctico, es decir, que esté a la mano. Para los estoicos (así como también lo fue para Aristóteles, Epicuro y otros filósofos antiguos), es de gran importancia la practicidad de la filosofía, pues está es una medicina para el alma.[1]

Esto es porque la ética, a partir de Sócrates, consiste en la pregunta de “¿Qué es una buena vida?” O más propiamente como dice el mismo Sócrates “una vida sin examen no vale la pena”[2]. Avanzando desde aquí encuentro, cómo cualquier pretendiente de la filosofía, que los estoicos intentaron abordar está cuestión con rectitud y suficiencia.

El conocimiento estoico es vasto y variado, empero, pretende ser práctico y sencillo, es decir, aplicable. Entonces el recopilatorio es una revisión sistemática de las enseñanzas estoicas para una aplicación práctica de la filosofía, una que sirva para el bienestar del alma.

Una precisión importante que hacer aquí, es que la ética de la vida buena también se conoce como la felicidad, y, aunque Marco Aurelio era romano, el concepto de la vida buena viene del griego Eudaimonía, el cual es un concepto complejo sobre la vida buena, a veces traducido como “Felicidad”, lo cual es una interpretación cuando menos insuficiente. Cómo lo dicho anteriormente sobre Sócrates.

En este artículo se recopilan las mejores enseñanzas, a consideración personal, de los filósofos estoicos Marco Aurelio y Epicteto, uno romano y el otro griego, respectivamente. Lo que se toma en cuenta para la recopilación son cuestiones muy básicas, para el propósito filosófico presente, enseñanzas que, ya sean enseñanzas prácticas beneficiosas o que, por otro lado, contengan alguna enseñanza filosófica profunda relevante. La idea es que el recopilatorio mantenga la practicidad con la que se manejaban los estoicos, así que consiste de una extensión moderada, así es como fueron consideradas las mejores enseñanzas con sus respectivos desgloses.

Uno de los propósitos prácticos del trabajo es que sea de provecho para el lector y ayude en el camino de una buena vida ética y con reflexión, para volver a mencionar a Sócrates. Considero que las enseñanzas de los filósofos son las mejores para deliberar sobre la ética y lo que es bueno, no para quedarse solo con lo que dicen, sino, cómo reflexionan, y copiar de estos grandes maestros las capacidades de abordar esas cuestiones. Así todo lo que aprendamos, reflexionarlo tan refinadamente como nos sea posible, imitando a los grandes filósofos que nos precedieron.

Corpus

Contaré por enseñanzas, algunas serán más largas que otras, y algunas, por su naturaleza, requerirán de una reflexión más profunda que otras.

Enseñanza I

[Para ser libres y felices es fundamental distinguir entre lo que está en nuestro poder y lo que no]

1. De lo que existe, unas cosas dependen de nosotros, otras no. De nosotros dependen juicio, impulso, deseo, aversión y, en una palabra, cuantas son nuestras propias acciones; mientras que no dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, honras, puestos de mando y, en una palabra, todo cuanto no son nuestras propias acciones.

2. Y las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, sin impedimento, sin trabas; mientras que las que no dependen de nosotros son inconsistentes, serviles, sujetas a impedimento, ajenas.

3. Recuerda, pues, que si las cosas por naturaleza esclavas las creyeres libres y las ajenas propias, andarás obstaculizado, afligido, lleno de turbación e increparás a los dioses y a los hombres; en cambio, si sólo lo tuyo juzgas que es tuyo y lo ajeno, como realmente es, ajeno, nadie te coaccionará nunca, nadie te pondrá impedimento, no increparás a nadie, no acusarás a ser alguno, nada harás que no quieras, nadie te perjudicará: no tendrás enemigo, pues ni te dejarás persuadir de que haya algo perjudicial. (Epicteto, capítulo I)

Esta enseñanza fue seleccionada como la primera por un hecho que se ajusta fácil y cómodamente a la practicidad deseada. Aparte de que es la primera enseñanza del Enchiridion de Epicteto, considero que es de suma importancia el intentar comprender de manera adecuada aquello que podemos controlar y aquello que no. Es más saludable, no solo psicológicamente, sino también físicamente. Pues enterarse de aquello que podemos controlar, es algo que nos permite también tener control sobre lo que podemos hacer y lo que no, y esto también va para la salud. Lo que no podemos evitar, tratar de que no gaste mucho tiempo en nuestro pensamiento.

Las cosas que dependen de nosotros “son por naturaleza libres” (Ibíd.) dice Epicteto. Recuerda a cierta enseñanza taoísta que hablaba de la facilidad del ser. Una flor no se esfuerza en ser flor, dicen los taoístas[3], y esto es lo que nos trata de decir Epicteto, la flor no se esfuerza por ser flor, sino que es flor y ya está, porque es su naturaleza que así sea, es decir, le pertenece el ser flor y lo que está a su alcance por ser tal. No creo que nos inviten a ser flojos al decir que no se esfuerza la flor en ser flor, al contrario, puede ser una invitación a la excelencia, pero solo si seguimos esta enseñanza estoica; aprender a identificar que podemos controlar y que no, y que nuestros esfuerzos y nuestra atención los centremos en lo que podemos hacer, de esta manera, todo será mucho más excelente conforme a nuestro obrar.

Esta enseñanza también la encontrará el lector en otros pensadores, como Spinoza, en su Ética demostrada según el orden geométrico. Consideremos una parte en la que habla de la libertad; para él, la libertad (o la revelación de Dios, que es lo mismo)[4] consiste en un conocimiento adecuado de las causas materiales que nos condicionan. Esto significa que la verdadera libertad se alcanza a través de aquello que nos enseñan los estoicos, en este caso Epicteto; creer que controlamos lo que no controlamos será un obstáculo recurrente e infranqueable.

Enseñanza II

[Cuáles han de ser los objetos de nuestros deseos y aversiones]

1. Recuerda que lo que el deseo se promete es la consecución de lo que desees; lo que la aversión se promete es no ir a caer en aquello de que se huye. Quien no logra lo que desea es desafortunado, pero quien cae en lo que teme es desgraciado. Por lo tanto, si de entre las cosas que de ti dependen sólo rehúyes las contrarias a la naturaleza, no te toparás con ninguna de las que aborreces; pero, en cambio, si te empeñas en esquivar la enfermedad, la muerte o la pobreza, serás desgraciado.

2. Retira, por consiguiente, tu aversión de todas las cosas que no dependen de nosotros y aplícala más bien a las que, dependientes de nosotros, sean contrarias a la naturaleza. En cuanto al deseo, suprímelo por ahora enteramente; pues, si deseas alguna de las cosas que no dependen de nosotros, es forzoso que fracases, y si alguna de las que dependen de nosotros, de cuantas fuere honesto desear, ninguna está todavía a tu alcance. Usa sólo del intentar y el refrenarte, pero ligeramente y con reserva y sin rigidez. (Epicteto. Capítulo II)

Manteniendo lo que nos dice Epicteto en la anterior enseñanza, reflexionaremos ahora sobre lo que, a mi parecer, es la manera más adecuada de gestionar las atracciones y las huidas. No solo habla aquí el filósofo griego sobre conocer lo que podemos controlar y lo que no, sino también sobre el tiempo y sobre quienes somos (Kairós).

Si algo que no controlamos, lo deseamos, sólo traeremos desdicha si nuestros esfuerzos se dirigen hacia tal. Pero si el deseo lo refrenamos, puede llegarse la ocasión en la que aquello que no estaba en nuestro control ahora lo esté, y así, hacernos de aquello que deseamos. Pero también puede cambiar el deseo, y así en retrospectiva, no sólo no hubo un gasto innecesario de energía y tiempo, sino que, aprendimos que nuestro deseo no era viable ni necesario.

Enseñanza III

[Adviértase bien lo que es en sí cada cosa y lo que vale]

Sobre cada cosa de las que seducen el ánimo o de las que reportan utilidad o de las que son queridas, recuerda que has de discernir de qué calidad es, empezando por las más pequeñas. Si te agrada una olla, has de decirte: «Una olla es lo que estimo». Con lo que, si se hace pedazos, no te alterarás. Cuando beses a tu hijito o a tu mujer, has de decirte que a un ser humano besas, pues así, aunque muera, no perderás la calma. (Epicteto. Capítulo III)

Esta enseñanza la escogí más bien por el comentario que tenía en la edición de donde procede la anterior enseñanza. El comentario es el siguiente: «Es decir, perecedero, mortal. Pero, ¡resulta bastante inhumana una indiferencia que implica el tratar por el mismo rasero la rotura de una olla y la muerte de un ser querido!»[5]. El comentario (a pie de página) estaba insertado en la palabra humano de la frase «has de decirte que a un ser humano besas». Esto anterior me dejó reflexionando. ¿Será que para los estoicos era bueno comparar a las personas, que suponen ser seres queridos, con meros objetos? Bueno, la respuesta sencilla es que sí, es evidente que lo está haciendo, y parece ser que en general así proceden. Aún con eso, me parece que una reflexión más profunda, o tal vez incluso más superficial según se mire, captaría el mensaje que intenta dar el filósofo estoico de una forma más interesante. Lo que tienen en común los objetos de utilidad y las personas queridas es algo bastante grande: la persona hacia la que están relacionadas. No está comparando sentimientos, ni sensaciones, ni valores subjetivos u objetivos, si es que eso fuera posible. Lo que está comparando son momentos de la consciencia, no entre los objetos de la consciencia (ya sea el útil o el ser querido), sino entre momentos de la relación. Por ejemplo, el útil nos es útil y por eso valoramos la relación que se tiene con el objeto. Cuando se pierde esa relación, independientemente de lo que genere en nuestros corazones, también va a generar una especie de dolor racional. Por ejemplo, pensar “vaya, ahora necesito gastar en otro útil”. Siguiendo la enseñanza, hay que soltar el pensamiento de lo que ya se fue y ocuparnos de lo que está. Con el ser querido es igual, no porque sea un objeto de nuestra utilidad, sino porque tenemos una relación con aquel ser. Perder la relación con tal ser querido genera un duelo, que evidentemente no es lo mismo que la sensación de perder un útil, de hecho es una pérdida muy superior, que, con mayor razón, debe considerarse dentro de la enseñanza. Sería insalubre ignorar el duelo y hacer como que nada pasó. Pero de igual manera surgen pensamientos que nos pueden dificultar el disfrutar de la vida, y también de los seres queridos que siguen aún con nosotros. El duelo se tiene que dar; sin embargo, seguimos siendo seres racionales, y me parece imperativo el aprender que aquello que no podemos controlar, no nos debe quitar más tiempo del necesario. Así tampoco lo que ya no está, ni quien ya no nos acompaña. No tanto olvidar, sino, que no se nos gasten los pensamientos y las emociones en cosas que no podemos controlar. Para expresarlo aún más propiamente, no hacer de lado los sentimientos, sino, los pensamientos que surgen sin quererlo, saber que son solo pensamientos y que ahí estarán, y tratar de que, en la medida de lo posible, ese pensamiento no nos aparte de la vida buena. Aplicar esta enseñanza no es fácil, no consiste en ignorar las emociones, es un trabajo duro, sí, pero no insalubre. Con el entendimiento se progresará en la búsqueda de la dominación de nuestras atenciones respecto a lo que podemos controlar y a lo que no.

Enseñanza IV

Sin importar lo que diga o haga otra persona, a mí me corresponde ser bueno, de la misma forma que el oro, la esmeralda y la púrpura dirían todo el tiempo: “No importa lo que diga o haga otra persona, a mí me corresponde ser este mineral y mantener mi propio color”. (Marco Aurelio. Libro Séptimo, pasaje XV)

Así el otro haga lo que no debe hacerse, el estoico se mantiene impoluto. Estas enseñanzas de los estoicos me parecen avanzadísimas. El imperativo categórico[6] es tal que ni aún otros haciendo lo que es incorrecto, dejamos de hacer lo que (consideramos que) todos deberían hacer. La confianza ética debe radicar en lo que es bueno por sí y no por lo que hagan los demás. Lo que es bueno, justo y bello es por su verdad intrínseca y no por la opinión desplegada. Si conoces lo que es verdad, lo que puedes controlar y no te dejas llevar por los demás ni sus acciones, serás estoicx.

Enseñanza V

¿Por qué alguien teme al cambio? ¿Pues qué se puede hacer sin que él intervenga? ¿Y qué otra cosa se hallará más agradable o más familiar a la naturaleza del Universo? ¿Acaso podrías tomar un baño caliente sin que la leña se mude y convierta en fuego? ¿Acaso podrás nutrirte sin que la comida se convirtiera en tu alimento? ¿Acaso se puede llevar a cabo una cosa sin pasar por la vía de la mutación? ¿No ves, entonces, que tu propia mutación es una cosa semejante e igualmente necesaria a la naturaleza del universo? (Marco Aurelio. Libro Séptimo, pasaje XVIII)

El temor al cambio, y si este es irracional o carece de fundamento alguno, es lo que aborda Marco Aurelio en este pasaje de manera sencilla y fina. Conviene recordar que las Meditaciones de Marco Aurelio son meditaciones para sí, es decir, es su diario personal. Entonces estas preguntas que se hace, en las que fundamenta en cierta medida que el temor al cambio es menos racional de lo que pareciera, son, por lo menos, interesante; ¿Simplemente quería hacerse él mismo las preguntas? Aun así, nos sirve mucho en nuestros tiempos, como si en realidad hubiese escrito para que las leyéramos. De igual manera, si él se hizo el mismo las preguntas, tocará hacérnoslas a nosotros mismos, y entender que pensaba el filósofo romano.

Parece ser que el cambio es inevitable, y por lo tanto, incontrolable. No solo es inevitable, sino que constituye enteramente la realidad que nos rodea. Entonces, le parece a Marco Aurelio innecesario el que le temamos al cambio. En esta enseñanza, el filósofo emperador nos da pistas sobre otra cuestión más allá de la ética.

Los cambios pueden ser duros, sin embargo, siempre van a estar presentes, y hay que hacerse uno con ello. Sería imposible aceptar los cambios más difíciles de anticipar y superar de buenas a primeras, sin embargo me parece posible tener un conocimiento adecuado, y también el aceptar que habrá estos cambios que nos causan pesadez. Entre más rápido aceptemos eso, más fácil será superarlos en su momento. Ahora sabemos que no hay que temerle al cambio, aunque se pueda objetar que a veces los cambios son malos, lo cual es correcto. Pero recordemos dos cosas aquí; la primera es que nosotros ya no nos preocupamos por las cosas que no controlamos, y el cambio es una de esas, independientemente si es bueno o no, puesto que eso no lo controlamos. La segunda es que el tema principal es el temor al cambio, no hay que tenerle miedo al cambio, ahora sí las consecuencias no nos son favorables, eso ya no es el cambio, sino sus consecuencias, a estas últimas atenderemos si es posible, pero a la noción de cambio no le temeremos.

Enseñanza VI

[Tenemos facultades con las que afrontar debidamente cada situación]

En cada cosa que te acaezca, procura, volviendo sobre ti, averiguar qué poder tienes para servirte de ella. Si ves a un guapo o a una guapa, hallarás que el poder que tienes respecto a estas cosas es la continencia; si te asalta la fatiga, hallarás la fortaleza; si el ultraje, hallarás la paciencia. Y acostumbrándote de este modo no te cautivarán las fantasías. (Epicteto. Capítulo X)

Ya hablamos anteriormente sobre el deseo. Ahora vamos a hablar de situaciones. Así como el cuerpo está interactuando constantemente con lo que se le presenta, así mismo está la conciencia interactuando constantemente sobre lo que es consciente.

Dicho lo anterior, revisemos esta parte de la enseñanza: «Si ves a un guapo o a una guapa, hallarás que el poder que tienes respecto a esas cosas es la continencia...». Me parece de suma importancia este fragmento, sobre todo por el concepto de “continencia”. Bueno, recordemos que Epicteto es griego, y para los griegos, a diferencia de nosotros, por ejemplo, los conceptos no solían ser tan sencillos, como pudimos ver con la felicidad o como bien dijimos, más correctamente, la vida buena. Vamos a contrastar la continencia desde Aristóteles y luego con Epicteto. Aristóteles en su Ética Nicomáquea nos habla constantemente sobre la continencia (y la incontinencia). Ahí mismo nos habla sobre Sócrates. El conocimiento para el filósofo de los diálogos de Platón era poner en práctica aquello que supuestamente sabías. Si no hubo cambio en el hábito, no hubo conocimiento verdadero. Aristóteles le responde diciendo que en realidad sí hay conocimiento, pero carece de valor al no ponerlo en práctica. Esto último le agrada a Epicuro y lo lleva aún más lejos, ¡vuelve toda su filosofía, una filosofía práctica! Esta actitud referente a la filosofía práctica, como bien sabemos a estas alturas del texto, no fue exclusivamente de Aristóteles y Epicuro, también la encontramos en los estoicos. Al estudiar al estoicismo y a la filosofía en general, con un verdadero compromiso por comprenderla, podemos encontrar una verdadera profundidad que no se consigue mediante el consumo de otros medios, como las redes sociales, ni con los divulgadores de estoicismo que se enfocan más bien al concepto de empresa actual o a los estilos de vida aspiracionistas del capitalismo. Pero me parece que con lo poco que llevamos hasta ahora es suficiente evidencia de que, por poner un ejemplo, si los empresarios se dedicaran a estudiar la filosofía del estoicismo y su contexto, mucho mejor llevarían las empresas, también serían más amables con el medio ambiente, así como con sus empleados y clientes. La continencia en Aristóteles consiste en aplicar lo que realmente se sabe frente a lo que es un deseo y una necesidad. Si te dejas llevar por tus deseos, tu supuesto conocimiento de nada te ha servido. Ahora, Epicteto también tiene su propia forma de ver la continencia, pero también tienen algo en común. Para ahorrarnos tiempo, explicaré brevemente la continencia en el pensamiento del filósofo estoico. Para él, la continencia es la forma en la que uno consigue ser libre. ¿Cómo es esto? Bueno, pues reconociendo aquello que está bajo nuestro control, y aquello que no. Ocupándonos de aquello de lo que nos podemos ocupar, y dejando de preocuparnos por aquello de lo que solo podemos preocuparnos sin más. Esto quiere decir que la filosofía es en todo momento práctica. Porque es el “saber” de aquello que podemos controlar y de lo que no podemos controlar. Entonces este conocimiento es aplicable en todo momento. La continencia es, pues, una de las expresiones griegas que trascendió hasta el estoicismo. Aunque Epicteto era griego, el estoicismo que surgió posteriormente en los romanos, mantiene esto como máxima. La clarísima muestra de que el estoicismo, críticamente estudiado, tiene mucho que enseñarnos sobre cómo vivir bien.

Enseñanza VII

[Quien trata de ser libre cuente tan sólo con lo que de él dependa]

1. Si quieres que tus hijos y tu mujer y tus amigos vivan siempre, eres un necio, pues quieres que dependa de ti lo que no depende, y que lo ajeno sea tuyo. Así mismo, si quieres que tu esclavo no cometa ninguna falta, eres un loco, pues quieres que la incapacidad no sea incapacidad sino otra cosa. En cambio, si quieres que tu deseo no se malogre, esto sí que está en tu poder. Practica, pues, esto que puedes.

2. Amo es de cada uno quien sobre lo que el tal quiere o no quiere tiene la facultad de dárselo o quitárselo. Por consiguiente, todo aquel que trate de ser libre ni quiera ni rehúya cosa alguna de las que dependen de otros; si no, será necesariamente esclavo. (Epicteto. Capítulo XIV)

Es común que la perfección sea buscada a través de todo medio. También es común que no se logre la perfección, en muchas ocasiones incluso no sale nada de lo que se planeó. Pero podríamos cambiar esta búsqueda de la perfección por una búsqueda de la excelencia. La excelencia de sí, que es lo que se ha mencionado ya ampliamente. Podemos incluso perder excelencia al buscar una perfección inalcanzable y que no depende de nosotros. Lo dice Epicteto así: «(...) si quieres que tu deseo no se malogre, esto sí que está en tu poder. Practica, pues, esto que puedes.» La excelencia consiste, también, en reconocer aquello que está bajo nuestro control, que depende de uno, y que no. Y aún más, hasta donde está el alcance de dicho control. No dejarse mortificar por aquello que no podemos afectar (a partir de nuestras mortificaciones y su respectivo seguimiento con la acción), es un gran paso hacia la vida buena.

Enseñanza VIII

[Se de veras filósofo, sin querer andar pareciéndolo]

Si alguna vez llegas a volverte hacia lo externo por querer agradar a alguien, sábete que habrás perdido el rumbo acertado. Conténtate, pues, en toda circunstancia, con ser filósofo. Y si también quieres parecerlo, parécetelo a ti mismo y basta. (Epicteto. Capítulo XIV)

Dice «se de veras filósofo» y aunque este artículo no está dedicado exclusivamente a “filósofos”, en el sentido académico del término, me parece importante esta enseñanza para todos, la filosofía no es exclusiva.

Probablemente consideres que tu identidad es importante. Muy probablemente es cierto, sin embargo, esto no nos exenta de reflexión. ¿Por qué tu identidad dependería de algo que no eres? Esto no es una invitación a que tu imagen pública se vuelva un descuido. Recordemos la enseñanza primera en todo momento: hay cosas que podemos controlar y cosas que no, hay cosas nuestras y cosas ajenas. Cómo también mencionamos anteriormente, mirando nuevamente al taoísmo, el esfuerzo de la flor está puesto en lo natural, en aquello que le corresponde como flor. Así el esfuerzo no solo no es en vano, es decir, que es adecuadamente aprovechado, sino que es un esfuerzo natural. El florecimiento de tal planta derivado en belleza natural no depende de nuestra opinión. Si nos hacemos excelentes en lo que somos y hacemos, haremos cosas excelentes. Y las cosas excelentes serán evidencia natural de nuestra excelencia. La evidencia natural convence más naturalmente a quien deba ser convencido, y a quien no, no nos importa ni podemos hacer nada al respecto.

Enseñanza IX

Comprende bien que, hagas lo que hagas, los hombres serán siempre los mismos. (Marco Aurelio. Libro octavo, pasaje IV.)

Esta enseñanza es sencilla pero me parece de suma importancia. No importa quiénes seamos o dejemos de ser, no vamos a cambiar a la naturaleza. Me parece que esta enseñanza aborda un pensamiento recurrente. El esperar que la vida cambie drásticamente, o cosas de nuestro entorno, como la gente, por nuestra actividad es un error. Claro que hay cambio en la vida, como el mismo Arco Aurelio mencionó en enseñanzas anteriores, pero el cambio es referente a lo nuestro, es decir, aquello que nosotros podemos controlar (respecto a lo propio de cada quien).

Enseñanza X

[Es absurdo enaltecerse o rebajarse por lo que no constituye el propio ser de uno]

Razonamientos como éstos son incoherentes:

«Yo soy más rico que tú, luego soy superior a ti», «Yo soy más elocuente que tú, luego soy superior a ti». En cambio, estos otros son más concluyentes: «Yo soy más rico que tú, luego mi riqueza es superior a la tuya», «Soy más elocuente que tú, luego mi elocuencia es superior a la tuya». Ya que tú no eres, ciertamente, ni riqueza ni elocución. (Epicteto. Capítulo XIV)

Nuestra identidad está construida, en muchas ocasiones, en ideales arbitrarios y convenientemente económicos. Pero no podemos limitar al alma humana a sólo eso, algo que la mayoría de las veces ni siquiera depende de uno. Suena hasta injusto que la identidad que se quiere expresar sea inexpresable en el lenguaje cotidiano. En este caso el problema es abordado con un lenguaje lógico. Términos como “razonamientos” e “Incoherentes”, y otros términos como “Soy más que”, “luego soy tal” y “luego tal es”. (“Luego” es un conector lógico, específicamente, es un condicional, es decir, A luego B por ejemplo; «Llueve, luego, hay nubes», también se expresa así: AB, donde el hecho de que está lloviendo nos indica que hay nubes, bajo esa premisa. El símbolo ‘‘→’’ es el condicional que implica la relación lógica condicionante, como lo dice su nombre. Un ejemplo muy útil es la mítica frase de Descartes “Pienso, luego existo”, dónde nos está diciendo ”Pienso, por lo tanto, existo”[7]). En este sentido, el filósofo estoico encontró ciertas inconsistencias lógicas en esos razonamientos. Para expresarlo sencillamente, el filósofo hizo una distinción sencilla: Axy=A, Bxy=B. La expresión común sería B→A Siendo Axy= “x” es mejor que “y” y Bxy= “x” es más rico que “y”. Si sustituimos A por la definición de Axy, entonces el argumento sería: “x” es más rico que “y”, por lo tanto, “x” es mejor que “y”. El propósito de este artículo no es en la lógica, sino, mostrar las enseñanzas estoicas, reflexionar y profundizar en su filosofía. Entonces, explicaré brevemente la cuestión lógica sin emplear muchos tecnicismos con el propósito de mostrar lo interesante que era la filosofía estoica y lo bien fundamentada que puede llegar a estar. Lo que dijimos que era el argumento, que del cual de manera deliberada hice una conversión al estilo matemática (traduje Axy, donde A es un predicado y “x” y “y” son sujetos, en este caso Axy= “x” es mejor que “y”, vamos a usar dos nombres, por ejemplo, x=Juan/y=Pedro. Si quisiéramos hacer una formula cuantificacional, tendríamos que cambiar las variables (x,y) por constantes (a, b), puesto que tratamos aquí con sujetos específicos, pero queremos aplicar el razonamiento a todo aquel que tenga riqueza[8]. Axy sería: Juan es mejor que Pedro. Entonces usé BA para que sea más fácil entender la idea). La cuestión aquí es que BA, es decir, que la cualidad resulte lo mismo que la persona, es en donde el filósofo estoico encontró la falla. Así, el filósofo romano niega la condicional; no es verdad que BA, y para expresarlo bien: -(BA) dónde la expresión quedó negada (de manera similar a las matemáticas, se usa un símbolo para expresar la negación, en este caso “-” es la negación: “no es verdad que” se traduce como tal símbolo). Aquí creó otra expresión Bxy “x” es más rico que “y”, por lo tanto, Cxy la riqueza de “x” es más grande que la de “y”.

Sencillamente diríamos BC donde B=Bxy y C=Cxy. Acabamos de expresar sencillamente los argumentos, pero expandiré un poco la reflexión. El argumento que no cumplió con las expectativas, incumple por el hecho de que se relaciona cosas que no tienen razón de ser relacionadas (cualidad/propiedad≠objeto/sujeto). La expresión si no la hubiera simplificado como las matemáticas, quedaría así: (x)(y)(BxyCxy)[9]. Prestando atención a todas las enseñanzas estoicas recopiladas hasta este momento, nos damos cuenta de que los estoicos pueden fundamentarse con la lógica, incluso fundaron su propia lógica. Esta pequeña reflexión es insuficiente para fundamentar el estoicismo con lógica, pero es una pequeña probada de lo bien educados que eran los estoicos, ¡y también con qué propiedad se expresaban!

Enseñanza XI

En todo momento se han de tener disponibles éstas:

1. ¡Guíame, oh Zeus, y tú también, la ya echada Suerte, hacia donde por vosotros estoy destinado: cuán diligente os seguiré! Y cierto, si no quisiere volviéndome malo, no menos habré de seguiros.

2. Quien a la necesidad sabe acompañar bien en la danza, es un sabio entre nosotros y conoce lo divino.

3. Pues bien, oh Critón, si así place a los dioses, así suceda.

4. A mí Ánito y Mélito pueden matarme, pero no perjudicarme. (Epicteto. Capítulo LIII)

Esta enseñanza es un conjunto de “sentencias”, similar a los rezos. La primera sentencia suena a una poesía sobre lo bueno (Zeus) y lo desafortunado («la ya echada Suerte», Suerte con mayúscula como si fuera un Dios o una Entidad). Esta enseñanza poética sobre seguir a ambos regidores para encontrar un equilibrio (como el Ying y el Yang y la trascendencia budista, el verdadero Tao, el punto medio Aristotélico o la «Phronesis» griega [traducida de manera reduccionista como “Prudencia”], etc), no es lo único que podemos extraer de aquí. Sino la actitud impoluta del espíritu frente a aquello que no podrá domar, es decir, al Zeus y a la echada Suerte. El poema viene de Cleantes un supuesto “piadoso” filósofo-poeta. En verdad viene bien el poema para el pensamiento estoico.

La segunda sentencia es una invitación a pasarla bien con nuestras necesidades. No significa que sean todo risas y diversiones, sino, que las necesidades no paguen nuestro espíritu bailador, y enseñarles a estas que somos como somos y no nos quitará la vida buena. Pero no solo esa analogía puede sustraerse, podemos pensar un poco más aún sobre el baile. ¿De qué depende el baile? Bueno, de varios elementos, entre ellos, de que se cumpla el ritmo, seguir el son de la música, movimientos específicos o precisos, en mayor o menor medida según el fin del baile y de las características de la música. Así mismo, bailar con las necesidades también es entender el ritmo de lo que están bailando, adecuarse a las necesidades y adecuarlas a uno en la medida de lo posible.

La tercera sentencia es un fragmento extraído del diálogo Critón del autor Platón. Es una respuesta de Sócrates al personaje Critón, del cual el diálogo recibe el nombre. En el diálogo, Critón le indica a Sócrates que ha de morir al día siguiente, a consecuencia de su juicio. La actitud que toma aquí Sócrates es muy adecuada al estoicismo. Pero cabe resaltar algunas cosas importantes. Sócrates (al igual que Platón, Aristóteles, y muchos otros filósofos), consideraba que el filósofo se preparaba para la muerte, es decir, practicar la filosofía era, en ciertos sentidos, prepararse para morir. Entonces aquí hay dos reflexiones que podemos hacer; la primera sobre la actitud estoica evidente en Sócrates, al mostrarse incorruptible ante tal noticia, y no solo incorruptible, sino, hasta gustoso. Pero esta reflexión puede hacernos creer que el estoicismo es superficial, así que reflexionaremos aún más a profundidad. Considerando que para Sócrates la vida del filósofo es la preparación para la muerte, pensamos que la muerte del filósofo es la muerte que corresponde y no hay nada que temer al respecto, porque hemos vivido bien. Entonces, la respuesta de Sócrates no es simplemente imperturbabilidad manifiesta. Es también la confianza de que se ha vivido rectamente, y la muerte no puede quitar eso. Entonces, el filósofo lo dice con seguridad y placer, ¿la muerte? Ya es tarde, ya viví como debí vivir.

«A mí Ánito y Mélito pueden matarme, pero no perjudicarme.» Sobre esta última no hay mucho que decir, simplemente hace manifiesto todo lo que hemos dicho hasta el momento. Quien soy no cambia por las situaciones externas, ni siquiera la muerte, pues es inevitable.

Enseñanza XII

[Actúe cada cual según sus capacidades]

Si te encargaste de representar algún papel superior a tus fuerzas, procediste en esto torpemente y, a la vez, desechaste el que podrías haber representado a la perfección. (Epicteto. Capítulo XXXVII)

Esta última enseñanza me recuerda a Marx. Una de las ideas del marxismo es que «de cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades»[10]. Una sociedad, no solo justa, sino eficiente en lo que debe hacer, debe de cierta manera gestionar las condiciones para que cada quien haga lo que le corresponda según sus necesidades. Esta enseñanza podría extrapolarse a la política. Pero para que se pudiera pensar en un proyecto político donde cada quien hace no solo lo que le corresponde sino lo que es adecuado según sus necesidades y capacidades, habría que seguir también la enseñanza en el puro sentido ético. Quiero decir que uno mismo debe encontrar lo que puede hacer según sus capacidades, y dejar para otra ocasión o para otra persona aquello que no corresponde o que aún no corresponde. No estoy estableciendo una jerarquía (primero la ética y luego la política), sino en realidad estoy estableciendo una relación recíproca de necesidad, sin la una no pienso la otra, porque en realidad la política es la ética a gran escala y la ética es la política hacia lo tangiblemente cercano. No dejamos de encontrar el núcleo del estoicismo en cada enseñanza que revisamos; para mantener una vida buena, también hay que mantener incorrupto el espíritu, y para eso debemos cuidarlo de los infortunios que nada tienen que ver con la capacidad de nuestro espíritu. Quiero decir; si aquello a lo que nada tiene que ver con nuestras capacidades e intenciones le damos importancia, puede llegar a corromper el camino por el que debemos ir. Casi me recuerda a la actitud general del concepto de «Satanás» en algunas interpretaciones de las sagradas escrituras. Satanás es una figura que se puede interpretar netamente como una situación o un fenómeno que te desvíe del camino, por eso podemos encontrar en algunas traducciones el concepto de “el contrario”, que es aquello que antagoniza tu tránsito por el camino correcto hacia Dios.

Enseñanza XIII

[En qué medida se ha de poseer cosas]

La medida de lo que posea ha de ser para cada uno su cuerpo, como el pie lo es del calzado. Si a esto te atienes, guardarás la medida; pero, si te pasas de ahí, serás luego arrastrado inevitablemente como hacia un precipicio. Sucede lo mismo que con el calzado: si rebasas lo que el pie requiere, se hacen zapatos dorados, después de púrpura, después recamados. Porque, una vez rebasada la medida, ningún límite hay. (Epicteto. Capítulo XXXIX)

Me parece indispensable esta enseñanza, sin embargo, también me parece que no puede incluirse sin un comentario crítico. No creo que la enseñanza nos esté diciendo que no gastemos, ya sea esfuerzo o dinero, en algo que nos guste, puesto que el gusto puede ser considerado algo necesario (si no es necesario, tampoco está de más). Más bien, he de suponer que tenemos una serie de criterios para determinar qué queremos y que no, o, para hablar aún más propiamente, debemos esforzarnos en delimitar correctamente aquello que queremos y necesitamos, haciendo uso de la razón. Una delimitación adecuada derivaría (o devendría, usando un lenguaje propiamente filosófico) en una correspondencia entre que es lo que queremos y por qué, con la naturaleza del mismo objeto. Es decir ¿por qué quieres unos zapatos? Hacemos una pequeña lista. Primero que nada, los zapatos son calzado, es decir, son protección para nuestros pies. Entonces, debemos considerar como prioridad que los zapatos sean buena protección para nuestros pies. Aunque en la actualidad, a veces le quitamos importancia a este punto con el fin de darle más importancia al segundo punto (cosa que no me parece como tal que sea algo malo, sin embargo, hay que aplicar la revisión que estoy proponiendo para cada fin). En segundo lugar, vestimos con cierto calzado para cada cosa que vamos a hacer. Para esto contemplamos dos cosas: la ocasión (formal, informal, semi formal, etc.) y el lugar. Cuando contemplamos el lugar, contemplamos la comodidad del calzado para estar presentables. Es decir, el calzado a priori tiene que proteger adecuadamente al pie, eso ya se revisó en el primer momento de la deliberación. O sea que, contemplamos la comodidad no como parte de la necesidad de la protección de nuestros pies, sino, la comodidad muchas veces suele ser parte de la presentación. Es decir, por ejemplo, si vas a la oficina de lunes a jueves con ropa formal, la oficina no cambia el viernes, solamente la ocasión, cuál es el hecho de que sea viernes. Cambia en general el código de vestimenta, más casual, más cómodo, porque se pretende que el ambiente también sea más cómodo. De esa misma forma es que se maneja este segundo punto; lo que vamos a mostrar con ese calzado en ese conjunto de ropa. Pero dejemos de deliberar tan extensamente y dispongámonos a cerrar este asunto de manera sencilla; el fin del segundo punto a considerar en la elección de un calzado es la imagen. Debe gustarnos a nosotros, pero también debemos imaginarnos que gusta a los demás, y debe haber una concordancia. En la cuestión de la imagen, todo lo demás que sea más allá que satisfacer tu gusto y necesidad, es pura superficialidad y orgullo que, contrario a lo que se suele creer, en nada satisface a tu propio gusto. “Rebasar” como dice Epicteto, es llevar la imagen a algo que se puede lograr más que algo que se quiere hacer, algo que va a arrastrar el gusto y la necesidad a un fin que escapa a ambos. El gusto propio no puede crear avaricia, puesto que el gusto está siempre conforme con aquello que el alma aprecia en correspondencia con el cuerpo. Entonces, evidentemente superarlo creará una avaricia porque, por naturaleza de las cosas de las que hablamos, aquello que es de oro podría ser más caro, o más brillante, o más espectacular, y así según las condiciones. El fin de la brillantez o de la espectacularidad corresponden a un fin propio de dichos aspectos, y no a nuestras necesidades o gustos. Aquí encuentro otro punto donde el estoicismo critica al capitalismo. El capitalismo nos invita a consumir y a crear nuestra identidad conforme con este consumo (entre más cosas tienes, más valioso eres, y esto tiende al infinito gracias a la avaricia). Sin embargo, para el estoicismo es exactamente lo contrario: somos quien somos y las cosas deben estar al servicio de quienes somos, aún si nos afectan. Las afecciones no doblegan al espíritu. De los objetos no hago parte de mi identidad, sino que los pongo al servicio de mi identidad, de mi espíritu. Mientras estos correspondan al escrutinio anteriormente expuesto, los objetos estarán a mi servicio, y no estaré yo al creciente y cada vez más necesitado servicio de la avaricia.

Enseñanza XIV

Sobre un mismo altar vemos que arden muchos grumos de incienso. Entre ellos, unos caen primero; otros, después; pero, como todos van a caer al fin y al cabo, nada importa el orden con que lo hagan. (Marco Aurelio. Libro Cuarto, pasaje XV)

Para Marco Aurelio, la identidad de los grumos de incienso es igual independientemente de cuando cae uno y otro, es decir, valen exactamente igual. Esta enseñanza aforística nos quiere decir algo muy preciso: las personas son personas, sin importar las circunstancias en las que cada cual perezca. No negamos la diversidad de las almas, pero siguen siendo almas, la diversidad debe ser horizontal, no vertical.

Enseñanza XV

¿Acaso el Sol anhela realizar lo que es propio de la lluvia? ¿Acaso Asclepio pretende hacer lo que es propio de la tierra? ¿Y qué decir de cada uno de los astros? ¿No es cierto que son diferentes entre sí y de todos modos colaboran a un mismo efecto? (Marco Aurelio. Libro sexto, pasaje XVIII)

La excelencia, que hemos mencionado ya con anterioridad, es variada según cada quien que la busque. Tomando en cuenta las capacidades, cualidades y necesidades, cada quien tendrá un papel del cual deberá sacar el máximo provecho. Esto sería ideal en un sistema en el que nos permitiera a todos trabajar en aquello en lo que seamos mejores, sin embargo, me parece aún enseñanza digna de tener en mente en todo momento. Para todo lo que pueda estar en tu control, buscar aquello en lo que puedas aportar más excelentemente, tanto en lo personal como en el aporte a la sociedad.

Enseñanza XVI

No merezco afligirme a mí mismo, puesto que yo nunca afligí voluntariamente a otro. (Marco Aurelio. Libro octavo, pasaje XLII)

Quizá ser duro con uno mismo no nos haga progresar realmente. Perfectamente podría uno corregirse a sí mismo sin necesidad de afligirse. Al hacer uso de la razón cualquier cosa que se pueda superar, se superará al hacer uso adecuado de la razón, y aquello que no es posible, no debería ser motivo de afligirse, porque la razón dará cuenta de que no es posible hacer nada y entonces no nos corresponde hacer nada.

Enseñanza XVII

Cuando acudas a la adivinatoria, recuerda que, por una parte, no sabes qué habrá de suceder, sino que vas al adivino para averiguarlo, mas, por otra parte, al ir, sabes ya de qué naturaleza ha de ser ese suceso, puesto que eres filósofo. Porque, si se trata de alguna de las cosas que no dependen de nosotros, es de todo punto necesario que no sea ello ni un bien ni un mal. (Epicteto. Capítulo XXXI, primer pasaje).

Dice bellamente Epicteto que el filósofo, aún sin saber qué le depara el futuro, ya sabe que esas cosas serán ya sea suyas o ajenas, controlables o incontrolables, de qué naturaleza es cada cosa que se le presentará. El futuro, pues, no es cosa digna de temer, al estar preparados para hacernos cargo de lo que podremos hacernos cargo, y soltar lo que no.

Enseñanza XVIII

Todo lo que acontece en el mundo es algo habitual y trivial, como las rosas en primavera y las frutas durante el verano. Así es la enfermedad, la muerte, la calumnia, las traiciones y todas las cosas que alegran o entristecen a los fatuos y a los ignorantes. (Marco Aurelio. Libro cuarto, pasaje XLIV)

Qué cómodo resultaría para el espíritu que todo aquello que externo no nos afectase. Pero lo hace, eso quiere decir que hay que buscar la manera de que nuestro espíritu no pierda su esencia con las trivialidades que el universo nos presenta. No me parece que sea necesario dejar de maravillarse o dejar de preocuparse por aquellas cosas que son naturales y de las cuáles nos afectan o afectan a nuestro prójimo. Sin embargo es importante considerar aquello que está siempre presente en el espíritu estoico: lo que me corresponde, lo haré, y lo que no, lo dejaré. Al menos en cuanto a esfuerzo se refiere. Las cosas que ocurren, pasan porque así dictó el curso del universo, y ocurren demasiadas cosas que no afectan a nuestro espíritu. Si así lo deseas, puedes hacer que tu carne se dedique a hacer las cosas, pero de tal forma que la razón siempre te lo exprese como dijo Marco Aurelio; todo lo que acontece es habitual y trivial.

Enseñanza XIX

No te olvides de la totalidad de la naturaleza, de la que participas en una parte muy pequeña, ni pierdas de vista el todo de la eternidad en la que solamente te ha tocado un intervalo breve e indivisible. ¿Y qué parte ocupas tú en el hado universal? (Marco Aurelio. Libro quinto, pasaje XXIV)

Con esta enseñanza podemos reflexionar sobre la trascendencia y nuestra actitud ante la realidad. Recordemos que las enseñanzas de Marco Aurelio son en realidad notas que escribió para él. Podemos entonces abstraer de eso; que esta nota en particular la tenía para recordarse constantemente que fuese humilde, y de aspiraciones acordes a quien es. Participamos de una naturaleza que nos va a sobrevivir, y lo que hacemos es dentro de esa naturaleza. Tal vez no solo se instruya a sí mismo el ser humilde, sino que contemple la belleza de la totalidad a la que pertenecemos. Todos pertenecemos a aquello, y es absurdo creer que tal o cuál es superior por tal o cuál razón (como vimos con el análisis lógico). Lo único superior a alguien en concreto es la naturaleza, es decir, aquello de lo que participa junto con todos.

Enseñanza XX

¡Cuántas de las personas que entraron en el mundo cuando yo lo hice ya salieron de él! (Marco Aurelio. Libro sexto, pasaje LVL)

Esta enseñanza es una reflexión muy simple sobre la vida. Que bueno es estar vivo. Pero los que se fueron, se fueron y los que estamos, estamos. Algún día nos iremos también, pero mientras no haya pasado, hagamos lo que tengamos que hacer. Recordemos también que estas enseñanzas de Marco Aurelio son reflexiones para él mismo. Cuando dice que «las personas entraron cuando él lo hizo (...)», parece que se refiere a que nacieron más o menos en el mismo periodo. Parece que se anima a él mismo recordándose que mucha gente de su edad ya no está y que él seguía con vida. Pero también es una advertencia, el tiempo avanza y no hay que dejarse afligir.

Reflexión final

Revisamos unas pocas reflexiones de los estoicos, es importante destacar que existe muchísimo más sobre el estoicismo. La literatura estoica es amplia y muy elegante, y esta, a su vez, es profundamente práctica. Recomiendo estudiar directamente el estoicismo y dedicarle un amplio esfuerzo a su comprensión, y así con todo lo que hagamos. La comprensión de la filosofía y la literatura siempre enriquece nuestra alma y nuestro bagaje. La filosofía estoica está en crisis actualmente, pero no una crisis de extinción sino de transustanciación. No hay muchos medios públicos que hablen rectamente del estoicismo, o más bien, los medios más populares se apropian del estoicismo de una manera reduccionista. Por medios públicos entiéndase las redes sociales y otros medios de comunicación ampliamente usados en estos tiempos. Así que lo más recomendable es tomarse el tiempo de leer.

[1] La cuestión de la filosofía práctica toma relevancia con Aristóteles en su respuesta a Sócrates y su analogía respecto al enfermo que va al médico: si no hace caso a las indicaciones que da el médico, de nada sirve que sepa lo que dice el médico, así mismo quien sabe filosofía y no la aplica no es un hombre virtuoso (Aristóteles, 2023, 1105b10-20). Martha Nussbaum en la terapia del deseo expande este tema ampliamente, donde revisa precisamente la apropiación de Epicuro sobre este tema, donde argumenta que el filósofo es un médico para el alma (Nussbaum, 2003, p. 33).

[2] Se puede encontrar esto en la obra de Platón (2023, 38ª) la Apología de Sócrates, pero la discusión en torno a la buena vida está contenida en varias obras de Platón, recomiendo ver: Eutifrón, Laques, Cármides y la Republica si se desea profundizar al respecto.

[3] Lao Tsé en el Tao Te Ching nos dice que “el sabio no compite con nadie” (Capítulo LXVI), y nos presenta una analogía con un río que domina al ser simplemente lo que es, un río, así mismo el sabio domina siendo lo que es,

[4] No se encuentra de manera directa, sino que es una condensación de lo que nos intenta decir a lo largo de su obra. Spinoza busca establecer el principio del conocimiento adecuado de la realidad y llegar, con ello, a la beatitud. Pero para ilustrarlo más adecuadamente según las enseñanzas de Spinoza, citaré un pasaje como ejemplo, uno muy preciso; “El hombre que es guiado por la razón es mas libre en el Estado donde vive según el decreto común, que en la soledad donde sólo se obedece a sí mismo.” (Parte IV, Proposición LXXIII). En este caso, la enseñanza deriva del terreno político, pero la idea se mantiene; la libertad se da mediante el uso de razón, o del conocimiento adecuado. Aquí introduce una capa más de profundidad al aumentarle un elemento integro, no solo vivir bien con uno, sino, en lo general, Se intuye de cierta manera igualmente al buscar lo que controlamos y lo que no, lo que podemos hacer en sociedad y lo que no.

[5] Ibíd.

[6] Es una referencia a Kant, sin embargo, no debe confundirse como una mezcla de filosofías. Los estoicos, como hemos visto hasta ahora, tienden a tener una actitud ética categórica, es decir, solo existe la opción correcta para alcanzar la buena vida, aun si esta es diferente para cada uno. Kant a lo largo de sus obras Fundamentación para una metafísica de las costumbres y Crítica de la razón práctica también hablará de esta actitud ética, y la compara constantemente con los Epicúreos.

[7] Descartes, p. 46.

[8] Tanto formalismo puede asustar, la idea es nada más que se vean los argumentos. Si se quiere entender con más profundidad la lógica, recomiendo revisar el artículo sobre lógica que seguirá después de este.

[9] Las formulas lógicas empleadas aquí son meramente una pequeña muestra de una serie de razonamientos que pueden hacerse. Hay una gran variedad de tipos de lógica; en este caso se usó lógica proposicional y lógica cuantificacional.

[10] Marx, 1977, p. 20.

Referencias

Aristóteles. (2023). Ética nicomáquea. Ciudad de México: RBA Editores México.

Descartes, R. (2008). Discurso del método. Madrid: Tecnos.

Marx, K. (1977). Critica al programa de Gotha. Moscú: Editorial Progreso.

Nussbaum, M. (2003). La terapia del deseo. . Barcelona: Paidós.

Platón. (2023). La República. Madrid: Gredos.

Spinoza, B. (2023). Ética . Madrid: Gredos.

Tsé, L. (s.f.). Tao Te King. Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa.