Trabajar la filosofía con personas adultas mayores

Sonia Belén Holguín Domínguez

10/23/20256 min read

El semestre pasado comenzó el proyecto del Club de Filosofía para Personas Adultas Mayores y ha sido una maravillosa experiencia para todos los involucrados. Cuando supe del club y me invitaron me enfrenté a muchas dudas e incertidumbre porque sentí que me superaría y no lo haría bien.

De pronto, fui en extremo consciente de mi posición: una alumna que le hablaría de temas filosóficos a personas no-filósofas, sin saber hasta qué grado estaban familiarizadas con los conceptos o problemas filosóficos. Normalmente, uno le dejaría eso a los expertos. Lo que me preocupaba más que cualquier otra cosa era escoger un buen tema, que fuera adecuado y provechoso, y, por supuesto, tratarlo correctamente. Mientras decidía, me preguntaba:

Sonia Belén Holguín Domínguez

Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua

¿qué puedo decirles o enseñarles a personas que me superan en experiencia y conocimiento? Personas que, por lo regular, son quienes enseñan y explican a quienes son más jóvenes.

Escoger el tema y la lectura fue lo más tranquilo del proceso, dar la sesión el sábado era lo que me tuvo tensa mucho tiempo. Quienes me conocen saben que tengo una forma muy relajada y coloquial de hablar y de ser, y temía ser demasiado informal o que a alguien le pareciera maleducada. También me preocupaba ser moderadora porque no soporto la idea de interrumpir a los participantes cuando su turno resulta ser prolongado. Realmente me preocupaba aportar algo positivo al proyecto y a los participantes.

En mi primera sesión supe que me había equivocado al pensar esto que les he mencionado, pues la experiencia fue totalmente diferente. Solo encontré mucha disposición de aprender y participar, toda su atención estaba puesta en lo que decíamos (porque acompañé a mis amigos a sus respectivas sesiones y la actitud positiva siempre fue la misma), percibí mucho entusiasmo y satisfacción por aprender cosas nuevas; y algo que agradezco en demasía es la basta consideración que tuvieron con nosotros al reconocer que no tenemos experiencia (ahora un poco más) y que no queríamos faltarles al respeto de ninguna manera.

He aprendido mucho, no sólo de la Filosofía y la práctica filosófica, sino también de mi persona, y, por supuesto, de los queridísimos y queridísimas participantes del Club de Filosofía para Personas Adultas Mayores. Este proyecto es una de las cosas más gratificantes que me ha tocado vivir.

Este proyecto es una de las cosas más gratificantes que me ha tocado vivir.

Una creencia heredada por años en la Filosofía es que esta es exclusiva para ciertas personas. Es cierto que hay personas que son más afines o que les resulta más sencillo estar en contacto con ella, eso no lo puedo negar. Aún así, creo que no está lejos de nadie y cualquiera es capaz de utilizarla, independientemente de la finalidad.

No solo es Filosofía un Tractatus o Más allá del bien y el mal, me parece que la Filosofía es más amigable y siempre está disponible. Todos filosofamos incluso sin darnos cuenta: cuando nos cuestionamos a nosotros mismos o a los demás, cuando vemos un problema que nadie más ve… no se trata tanto de que la Filosofía nos enseñe qué debemos de pensar, sino más bien cómo podemos llegar al pensamiento, cualquiera que este sea. La Filosofía termina siendo una curiosa compañera que nos ayuda en el proceso de experimentar nuestra realidad, para comprenderla, cuestionarla, transformarla… Algunos de los temas más trascendentales de la filosofía versan sobre tener una mejor vida, ser virtuosos, discernir el bien del mal, ser críticos en la información que recibimos, reflexionar sobre el origen de la vida; y todo esto es aplicable a nuestra vida.

Es importante tener la mentalidad de que la posibilidad de generar una gran idea está en todas las personas

Otra creencia común es que filosofamos en solitario, lo cual es cierto, pero quiero que consideremos lo siguiente: cuando le explicamos a alguien más lo que pensamos, es más fácil racionalizar e interiorizar nuestra idea y, así, llegar a conclusiones. A quién no le ha pasado que está compartiendo un problema y sus posturas, y a medio camino lo resuelve… así, el diálogo hace nuevamente de las suyas. En este proceso de compartir nuestras ideas pasa algo valioso: nuevas perspectivas y consideraciones, siempre alguien externo abona una cuestión que no se está tomando en cuenta o una manera diferente de resolver el problema. Es importante tener la mentalidad de que la posibilidad de generar una gran idea está en todas las personas, mantener una competencia sana es lo ideal, aunque tampoco estamos jugando carreras.

Reflexiones sobre la práctica filosófica

Les compartiré algunas reflexiones que considero importantes respecto a la práctica filosófica. Primero, nunca hagan de menos la accesibilidad del lenguaje y de los métodos y técnicas que usarán. No den por hecho que las personas conocen los conceptos, teorías, y autores o autoras que utilizan, en especial porque fácilmente se siente vergüenza cuando no se conoce algo y en muchas ocasiones se prioriza ahorrarse la vergüenza que preguntar. Si no conocemos lo esencial de un tema, no entenderemos nada de lo que sigue, los detalles extras o las relaciones de conceptos, etc., no entenderemos las conclusiones y tampoco seremos capaces de cuestionar; yo sé que no estoy entendiendo un tema cuando soy incapaz de pensar preguntas, para confirmar, poner en duda o clarificar.

Los métodos también deben ser personalizados, no se les enseñará Filosofía a estudiantes de primaria igual que a estudiantes de preparatoria. En caso de que alguien lo crea imposible: sí, la Filosofía puede ser accesible y amigable con la niñez. Piénsenlo bien: la infancia es una etapa de primeros contactos con el mundo, todo es nuevo, y por ende, se viven múltiples procesos de conocimiento con diversas cosas; en estos procesos todo se cuestiona, la contemplación y el tacto son primordiales, es un constante “prueba y error”, se analizan a las personas y los objetos, se construye el mundo poco a poco a través del lenguaje y más.

Lo segundo es no perder de vista el objetivo, el propósito, la meta a la que queremos llegar. Nosotros, al estar familiarizados con la Filosofía, somos conscientes de que hay un gran riesgo de perdernos en nuestros pensamientos y caer en divagaciones, irnos por las ramas, abarcar mucho sin delimitar el tema que reflexionaremos o empezamos en un tema y terminamos en otro. Somos plenamente conscientes de que eso nos pasa y a veces hasta es un chiste entre nosotros. Si nosotros, siendo conscientes de ese riesgo, aún así caemos en la tentación, ahora imagínense personas que no son conscientes de este peligro, claro que no se dan cuenta cuando tropiezan con esto. Nuestra tarea como guías en la práctica filosófica, por decirle de alguna manera, es aterrizar a las personas, traerlas de regreso y encaminarlas con el propósito, siempre respetando la libertad de pensamiento y de abarcar lo que necesiten... siempre que lleguen a algo y no se reviente su idea como una burbuja.

Es necesario tomarnos en serio lo que hacemos

Lo último que quisiera destacar, que tal vez sonará un poco abstracto, es hacer valiosa la experiencia, tomarnos en serio lo que estamos haciendo. No en un sentido aburrido de ser súper estructurados, estrictos y formales, más bien ser conscientes de que lo que estamos haciendo no es cualquier cosa, repercutirá en el pensamiento de las personas, en sus vidas, y el conocimiento que adquieran tratarán de aplicarlo en su cotidianidad, van a compartirlo (si les apasiona) con sus seres queridos, sus conocidos o en la fila del súper, si es que son muy sociales. Un error que yo cometí sin querer fue que me concentré tanto en preparar el tema, la lectura y en que la sesión saliera bien, que no dimensioné la importancia que tenía lo que estábamos hablando hasta que nos agradecían en el receso o al final de la sesión, cuando ví el entusiasmo en sus caritas y el interés. Tal vez no estamos cambiando el mundo pero es valioso lo que hacemos, especialmente porque lo hacemos con la intención de hacer algo bueno, por eso mismo hay que vivir y amar la experiencia al máximo, no ser simplemente autómatas que hacen lo que tienen que hacer y ya, debemos involucrarnos con lo que hacemos, las personas que nos acompañan en el proceso y a las que está dirigido el proyecto.

Si deseas contactar a Belén Domínguez puedes escribir al correo a348594@uach.mx